La inteligencia artificial deja de ser el escudo de Wall Street
Hasta ahora Wall Street había ignorado prácticamente cualquier señal de advertencia. La inteligencia artificial actuaba como el gran soporte del mercado y mantenía a flote los índices a pesar de las tensiones geopolíticas y de unos tipos de interés elevados. Ese escudo ha empezado a resquebrajarse. Los inversores en acciones no esperaban que la Reserva Federal pudiera volver a subir los tipos de interés este mismo mes de octubre. Tras el dato de inflación de septiembre, esa posibilidad ha regresado con fuerza a la mesa.
El cierre de la sesión del miércoles 14 de octubre de 2026 ha sido claramente bajista. El S&P 500 ha cedido un 1,11%, el Nasdaq 100 se ha dejado más del 2% y el Russell 2000 ha perforado de forma amplia su media de 200 sesiones. El Dow Jones, impulsado por los sectores de salud y defensivos, casi ha logrado salvarse. El equiponderado ha caído un 0,57%, la mitad que el índice ponderado por capitalización, lo que confirma una rotación hacia valores menos expuestos al crecimiento tecnológico.
Un IPC que ha roto la complacencia
Antes de conocerse el dato, las probabilidades de una subida de tipos en la reunión del 28 de octubre apenas alcanzaban el 21,6%. El mercado descontaba con casi un 80% de certeza que la Reserva Federal se mantendría al margen. El consenso esperaba un avance del 0,58% en el IPC general (3,6% interanual) y del 0,22% en la subyacente (2,4% interanual).
La realidad ha sido otra. El IPC general subió el 0,6% previsto, pero la tasa interanual se situó en el 3,7%, una de las más altas desde 2023. La gasolina se disparó un 9,1% en septiembre y explicó más de la mitad del incremento mensual. El índice energético en su conjunto avanzó un 5,2%. La subyacente, sin embargo, fue la verdadera sorpresa negativa: +0,33% frente al 0,22% esperado, elevando la interanual al 2,6%. La tasa anualizada a tres meses de la subyacente se sitúa ya en el 3,41%.
El componente de vivienda repuntó un 0,4% intermensual, mientras que el supercore (servicios excluyendo vivienda) se mantiene en el 2,96% interanual. La inflación de servicios muestra signos de pegajosidad. El diésel y la energía llevan demasiado tiempo en niveles elevados y están filtrándose a través de la cadena de suministro. Esa es la parte verdaderamente preocupante del dato.
La gran divergencia entre acciones y bonos
Durante semanas se venía observando una divergencia cada vez más clara. Los accionistas se mantenían optimistas respecto al crecimiento de las compañías de inteligencia artificial, mientras que los bonistas mostraban un escepticismo creciente sobre la capacidad de muchas de esas empresas para financiar su expansión. Esa divergencia ha terminado pasando factura.
El caso más visible es el de CoreWeave. Sus bonos con vencimiento en 2030 ofrecían el miércoles una rentabilidad cercana al 15%. La compañía acumula unos 52.000 millones de dólares entre deuda y obligaciones por arrendamientos. Aunque sus ingresos del segundo trimestre crecieron un 112% interanual hasta 2.575 millones, los gastos financieros se dispararon un 140% hasta 640 millones, equivalentes al 25% de los ingresos. Las pérdidas netas alcanzaron los 626 millones. La acción llegó a caer un 13%, su tercera mayor caída histórica, y se aproximó a los mínimos de 60 dólares.
La noticia que ha catalizado el movimiento es que CoreWeave está buscando financiación entre grandes aseguradoras para seguir expandiendo su infraestructura. Pretende obtener calificaciones de grado de inversión para préstamos respaldados por chips de Nvidia y acceder así a financiación más barata. El mercado de crédito está exigiendo primas de riesgo cada vez más altas precisamente porque el riesgo de apalancamiento es evidente.
Esta semana la cesta de valores vinculados a la inteligencia artificial ha caído un 7,5%, mientras que el resto del S&P 500 ha subido un 0,92%. La rotación es clara y se refleja también en el mejor comportamiento relativo del índice equiponderado.
ASML y la demanda que no es el problema
ASML ha presentado unos resultados sólidos. Su principal desafío no es la falta de clientes, sino que la demanda supera su capacidad de producción. La compañía reconoce que no podrá satisfacer completamente los pedidos previstos para 2027 y 2028, y estudia ampliar su capacidad más allá del 30% ya anunciado. El mensaje es coherente con lo que se observa en otros eslabones de la cadena: la demanda de inteligencia artificial es real y potente. El problema reside en cómo se está financiando una parte de esa expansión.
Aproximadamente el 47% del peso del S&P 500 y un tercio del crecimiento esperado de los beneficios están concentrados en compañías vinculadas a la inteligencia artificial. Entre el 28 de octubre y el 3 de noviembre se publicarán resultados de una parte muy relevante de ese grupo. El listón para estas empresas es extremadamente alto. Para el resto del mercado, las expectativas son más moderadas y ahí podrían aparecer las sorpresas positivas.
Niveles técnicos y posicionamiento sistemático
El S&P 500 ha perdido los 7.750 puntos y se mantiene por encima de los 7.700. Ese nivel es ahora el más importante por dos motivos. En primer lugar, coincide con el gamma flip: por debajo de él el mercado entra en territorio de gamma negativa y la dinámica de las opciones puede amplificar los movimientos. En segundo lugar, en 7.704 se sitúa el primer nivel de venta de los fondos sistemáticos seguidores de tendencia. Aunque esta semana no se esperan grandes presiones vendedoras, un cierre cercano a ese nivel podría activar un desequilibrio vendedor significativo de cara a la próxima.
Los fondos sistemáticos siguen muy posicionados en el S&P 500 y en el Nasdaq 100, a diferencia de lo que ocurre con el Russell 2000. Si se pierden niveles clave, estos vehículos no miran valoraciones ni resultados: venden.
Otros focos de atención
El petróleo se mantiene en niveles elevados. El Brent supera los 108 dólares y el West Texas se acerca a los 106. Irán intensifica los ataques al transporte marítimo. Dos buques portacontenedores se han incendiado o hundido tras chocar con minas en el Estrecho de Ormuz. Arabia Saudí y los hutíes continúan intercambiando ataques. Trump ha afirmado que tomará una decisión sobre Irán muy pronto, aunque ha negado que se produzca un ataque antes del 3 de noviembre.
Los salarios reales llevan seis meses consecutivos cayendo. La pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos es una realidad que las subidas de tipos pretenden combatir endureciendo aún más las condiciones financieras.
El oro ha cedido un 1,35% y la plata casi un 6%, acercándose a los mínimos de julio. El dólar se ha fortalecido con claridad. Bitcoin, en cambio, ha mostrado una notable resiliencia: cae solo un 1,63% y se mantiene apoyado en la media de 50 sesiones y en la zona de los 81.000 dólares.
Conclusión
El dato de inflación de septiembre ha devuelto a la mesa la posibilidad de una subida de tipos en octubre y ha puesto de manifiesto la fragilidad de una parte del ecosistema de la inteligencia artificial. La demanda existe y es potente, como demuestran los resultados de ASML. El problema está en la financiación de compañías altamente apalancadas que necesitan cada vez más capital en un entorno de tipos elevados y de inversores en crédito cada vez más exigentes. La divergencia entre el optimismo de los accionistas y el escepticismo de los bonistas se ha reducido de golpe. Los próximos días, con el dato de precios de producción, las peticiones semanales de desempleo y los resultados de Taiwan Semiconductor, serán determinantes para comprobar si el mercado es capaz de estabilizarse por encima de los 7.700 puntos o si la presión vendedora se intensifica.

