El riesgo oculto en la inteligencia artificial: cuando los CDS de CoreWeave alcanzan niveles históricos
La sesión del viernes 16 de octubre a la preapertura dió una señal que no debería pasar desapercibida. Mientras los índices estadounidenses lograban recuperarse desde mínimos, un indicador de riesgo crediticio en una de las compañías clave del ecosistema de inteligencia artificial alcanzaba niveles que no se veían desde la crisis financiera de 2008. Los Credit Default Swaps a cinco años de CoreWeave, una de las empresas líderes en el segmento de Neocloud, se situaron en 1.047 puntos básicos. Esta cifra implica una probabilidad de impago cercana al 58% en los próximos cinco años y una prima de cobertura que supera el millón de dólares para una cartera de diez millones. No es un dato menor: los bonos de la compañía cotizan cerca del 16% de rentabilidad, un nivel que refleja un estrés financiero significativo.
La grieta en los márgenes de la inteligencia artificial
CoreWeave no es una empresa cualquiera dentro del auge de la inteligencia artificial. Se ha convertido en uno de los proveedores más relevantes de infraestructura cloud especializada en cargas de trabajo de IA. El hecho de que su CDS cotice por encima de los 1.000 puntos básicos genera inquietud porque, como se recordó, Lehman Brothers registraba 700 puntos el viernes anterior a su quiebra en septiembre de 2008. La comparación no es casual. Cuando el CEO de Nvidia se vio obligado a salir públicamente a defender la solidez de CoreWeave, el mercado interpretó el movimiento como una señal de que los problemas en los márgenes de las Neoclouds empiezan a ser visibles.
El segundo elemento de preocupación llegó desde Anthropic. La compañía reportó ingresos de 16.800 millones de dólares en el tercer trimestre, una cifra que defraudó a los operadores. Para una empresa que quema caja a un ritmo elevado, esa cantidad resulta insuficiente. El mercado comenzó a descontar que su posible salida a bolsa no alcanzará una valoración de dos billones de dólares, sino más bien de 1,5 billones. Aunque sigue siendo una cifra elevada, el ajuste refleja un cambio de tono: la narrativa de crecimiento ilimitado en inteligencia artificial empieza a mostrar fisuras.
Por qué el mercado se recuperó a pesar del miedo
Paradójicamente, el mismo temor que generaron estos datos terminó impulsando el rebote de las bolsas. El S&P 500 cerró con un avance del 0,03%, el Nasdaq terminó casi plano (-0,05%) tras haber caído hasta un 1,40% intradía, el Russell 2000 subió un 1,34% y el Dow Jones ganó un 1,08%. El volumen negociado alcanzó los 20.800 millones de acciones, por encima del promedio de 18.600 millones, lo que confirma que la recuperación no fue un movimiento técnico débil.
Según el análisis de flujo de Goldman Sachs, la apertura estuvo marcada por una oleada de ventas de fondos tradicionales en semiconductores. A medida que avanzaba la sesión, esa presión vendedora se agotó. El dinero rotó hacia los Siete Magníficos, considerados más seguros ante los problemas de márgenes en la cadena de inteligencia artificial, y también hacia sectores defensivos como consumo médico y financieras. Parte del capital se dirigió al Russell 2000, lo que explicó su mejor comportamiento relativo. Además, se produjo un cierre significativo de posiciones cortas, especialmente en las cestas de valores más castigados a doce meses.
El factor decisivo: la caída de las rentabilidades de los bonos
Aunque todos estos elementos influyeron, la razón principal del rebote fue la fuerte compra de bonos como activo refugio. El miedo a una grieta en el ecosistema de inteligencia artificial empujó a los inversores hacia la renta fija. La rentabilidad del bono estadounidense a diez años se acercó al 5%, tras haber cotizado recientemente en el 5,35%. Esta bajada de tipos de interés benefició de forma directa a la economía real: el Russell, el Dow Jones y los valores cíclicos se vieron favorecidos. Al mismo tiempo, los CTAs, que mantenían posiciones cortas agresivas en bonos, se vieron obligados a cubrir, acelerando el movimiento alcista de los precios de la deuda y reforzando el sentimiento positivo hacia la economía tradicional frente a la narrativa de la inteligencia artificial.
El indicador de McClellan, que había dado señal de compra sobre el NYSE, siguió comportándose de forma constructiva. El avance-descenso del día mostró 2.076 valores al alza frente a 672 a la baja, con el oscilador en 64,61 puntos, un dato que refleja amplitud positiva.
Datos de mercado y contexto macroeconómico
En la apertura de la sesión del viernes, el DAX alemán avanzaba un 0,67%, el EuroStoxx 50 un 0,52% y el Ibex 35 un 0,43%. El dólar se debilitaba ligeramente frente al yen (157,98) y el euro subía hasta 1,1263. El Bitcoin retrocedía un 0,12% hasta los 82.040 dólares. El oro ganaba un 0,84% y se situaba en 4.205 dólares por onza troy, mientras el petróleo WTI caía un 0,69% hasta 97,29 dólares por barril. La Agencia Internacional de la Energía anunció una liberación más rápida de reservas de diésel, lo que ayudó a moderar los precios energéticos, aunque siguen en niveles elevados que pueden seguir alimentando presiones inflacionistas.
Las declaraciones de Warsh fueron interpretadas de forma optimista por el mercado. Aunque no confirmó ni desmintió la posibilidad de una subida de tipos en octubre, el hecho de que no retirara el descuento de que no habrá alza en esa reunión fue suficiente para que los operadores mantuvieran un tono constructivo. Sin embargo, el propio Warsh dejó abiertas las puertas de octubre y diciembre como puntos de decisión, lo que mantiene la incertidumbre intacta.
Desde el punto de vista técnico, el S&P 500 recuperó la media de 50 sesiones y logró cerrar por encima de los 7.700 puntos, un soporte cuantitativamente relevante. La resistencia sigue situada entre 7.800 y 7.900. El mercado permanece comprimido en un rango lateral, con soportes fuertes cada 25 puntos por debajo de 7.700 y una resistencia difícil de superar sin un catalizador claro.
Conclusión
La sesión del 16 de octubre dejó una lección clara: el miedo a problemas en los márgenes de la inteligencia artificial no necesariamente se traduce en caídas prolongadas de los índices. Cuando ese miedo se canaliza hacia la compra de bonos, la bajada de rentabilidades puede beneficiar a la economía real y provocar un rebote. Sin embargo, los 1.047 puntos básicos del CDS de CoreWeave y el ajuste de valoración de Anthropic son señales de que las grietas existen. El mercado ha optado por rotar hacia calidad y cerrar cortos, pero la tensión crediticia en el eslabón de las Neoclouds no ha desaparecido. Los próximos datos de inflación y las decisiones de la Reserva Federal determinarán si este alivio se consolida o si el temor vuelve a imponerse sobre las compras de refugio.

